domingo, 18 de diciembre de 2016

Cosas que se aprenden con la madurez

Siempre he sido iluso, y aun lo sigo siendo. No estoy diciendo que no tenga mis cuatro dedos de frente, ni tampoco que no me doy cuenta de los hechos, circunstancias y situaciones que evidencian las cosas, sobre todo la naturaleza de las personas con las cuales tratamos. De hecho, desde pequeño, mamá nos ha entrenado a todos para distinguir, o más bien para encasillar, desde un principio cómo es una persona: es confiable o no, es traicionera o no, lo que está diciendo es verdad o es mentira... Sin embargo, me cuesta aún atribuirle a una persona que es "mala" de manera absoluta, tal vez porque en el fondo odio juzgar a las personas.

En la política, mi jefe y yo coincidimos que el fallecido Presidente se equivocó al confiar que el pueblo sería inteligente, justo y honesto. En este instante me atrevo a decir que cada venezolano puede ser eso, pero como pueblo, definitivamente no. Lo triste del caso, es que no tiene nada que ver con el grado de instrucción, estatus social o económico. Eso lleva a pensar en de qué vale esa "representación democrática" de elegir a quienes administrarán los recursos de una nación, si nosotros mismos somos unos ignorantes.

Como coordinador de obras, mis jefes siempre han sido claro en una instrucción: "ve y haz personalmente las compras de cualquier tipo; si hace falta un clavo, vas tú y lo compras". Si bien no entendía el por qué de esa orden, nunca tuve la oportunidad de romperla, pues las compras demandaban siempre una cantidad de dinero tal que había que pagarlas con la tarjeta. No comprendía, el por qué de esa orden, si con elaborar una lista detallada, pedir la factura jurídica, contabilizar el dinero, era imposible que te robaran, además se supone que es personal de confianza. Una cosa es que no sean eruditos, o universitarios, pero comprar un clavo, o un saco de cemento no es materia de universidad.

La respuesta a esa interrogante la obtuve extrapolada de este gobierno, con todos los desastres a nivel ejecutivo que sucedieron al gobierno actual. La gente puede elegir con claridad, pero el pueblo no: somos capaces de reelegir alcaldes y gobernadores que acaban de hacer una pésima o nula gestión; elegir diputados reconocidos por ser delincuentes; e incluso tomar cada decisión ejecutiva sea conveniente o no para beneficio propio, dañando al prójimo.

No sé si pedir vivir en "democracia" es tan peligroso como hacer lo contrario. Todo venezolano está consciente del negro futuro que se avecina, que las propagandas de optimismo son sólo publicidad pagada, pero aún soy lo suficientemente iluso para creer que algo cambiará. El lema es: "si quieres que el mundo cambie, haz que la gente te siga". Ahora, a ver como hacemos para que nos sigan.

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