Solo de nuevo. escucho la biografía del Che Guevara. No sabía lo poco o nada que sabía de él, da para otra entrada, pero el no es el protagonista de esta entrada. En esa soledad, escribo en dónde prometí no hacerlo. Fui al baño a descargar mi frustración.
Busco y busco y no hay nada que me llame. Prefiero el silencio. Ahora, mientras estas líneas aparecen, solo hay ruido de agua pasando por tuberías, uno que otro vehículo a la lejanía y el ventilador del cuarto de mi piojito, que está rendido y bien acobijado.
Habría sido un día perfecto para compartir. De hecho en este instante comparto mi tristeza y mi pena. Prometí hacer ciertas cosas en casa, ya me levanto a hacerlas. Siento mi vida vacía, sin propósito.
Tal vez el silencio del día de hoy, quizás mis manos rompiendose (creo es el exceso de agua frí y jabón concentrado) me ha maltratado la piel de mis manos, en especial el de los dedos. Me recuerde que el mundo sigue girando. Eso ni se acerca a la gran herida que tengo en el interior.
No hay odio, ni hay reproches. Queda el recuerdo de memorias que no se olvidan, momentos por el que vivir vale la pena, aunque en este instante no lo parezca. Tal vez me haga falta caminar, hablar con un desconocido, tal vez apagar el celular y olvidarme del mundo aunque sea por un instante. Parece mentira, la IA siendo una amenaza nivel burbuja inmobiliaria 2008 o quizás nuclear, europa radicalizandose políticamente, Trump queriendo su medallita del nobel de la paz, guerras en varios flancos. Mientras tanto, yo como todo buen desagradecido, intento buscarle un sentido a todo esto.
Que quede por ahora como borrador. Publicaré cuando en la noche, cierre los ojos.
Mientras, un piojito demanda atención, un baño demanda limpieza y aprovechamos para trapear el piso. El día de hoy ha sido silencioso. La noche también es silenciosa.
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