Aja!!! no pueden negar que con un título así, da pie a una gran historia. Quién sabe, capaz algún día use exactamente el mismo título para inventar una historia, cosa que hace rato que no hago.
Hoy inicié prácticamente el día viendo la película "backrooms", el cual fue todo un fenómeno tanto en internet como mito urbano, la historia construida alrededor del concepto de liminalidad, y cómo la película integra, desde la perspectiva de una persona, precisamente la historia construida.
Mientras veía la película, me invadió una sensación de náusea. Bastante leve como para representar un problema, pero suficientemente evidente como para poder ignorarlo. Mientras veía la película, estaba consultando a Copilot cual sería la forma de salir de allí, considerando que dicho "espacio" se considera un horror cósmico. Como siempre, Copilot se "atascó" sugiriendo una y otra y otra vez que debo dejar de ser "yo", que debía anular la percepción. Le pregunté si se refería a que si debía suicidarme o perder la conciencia, cosa que, como buena inteligencia me remitió ayuda inmediata a una asociación. Cosas de IAs. finalmente le consulté si, para salir de la backroom, era más factible ser monje budista que un James Bond o un Ethan Hunt. Y de manera muy enfática me indicó que ese era precisamente la forma de salir, pues mientras el monje se "desconecta" y por lo tanto "sale" de la espiral "yo creo lo que me aprisiona", los héroes de acción, aplicarían lógica pura, acción dura, lo que crearía la paradoja de "a más quiero salir, más preso estaré". Parece mentira, pero mi anormal tranquilidad ante las cosas que ocurren, describe precisamente esa extraña paradoja.
Esa sensación de nausea, la recuerdo también haberla sufrida en un juego denominado "Portal". Creanme que ese juego es increiblemente adictivo y sumamente atractivo, una vez entiendes la mecánica. De hecho, lo repetí varias veces. Sin embargo, eventualmente, empecé a sentir náuseas al momento de jugarlo. Según la IA, es posible que la ambientación, ya conocida la mecánica del juego, me estuviera afectando finalmente.
Volviendo a la película, está claro que siendo un monje budista no se sale de él. Al terminar de ver la película, se nos indica que hay más de un portal para entrar y salir, denominados "noclip". También vi en un video, un poco la historia alrededor de ella. Según la descripción, es una mezcla entre electromagnetismo, perturbación de conciencia y anulación de campos. Dicho lo anterior, el espacio de los backrooms, aunque no racional, sigue respetando reglas y por tanto, se puede salir de ella, con suficiente habilidad, pero por sobre todo, fuerza mental.
Está claro que la mejor manera de salir de ellas es, en un principio, no entrar en ella. Sin embargo, mi espíritu aventurero me invade. Si llego a conseguir una de esas entradas, Tomando las previsiones necesarias, las herramientas adecuadas, provisiones y armamento necesario (tranqui, nada de armas de fuego, pero al menos cuchillos, lanzas, cuerdas y líquido inflamable en aerosol) y lo más importante, registro fotográfico, grabaciones de audio y video, me adentraría sin dudarlo. Falta saber quien me acompañaría, pues al igual que en la historia y siguiendo las reglas de seguridad industrial: nunca sólo, cómo mínimo dos, idealmente tres personas.
Tenía tiempo que no escribía. Mi intención era hacerlo en silencio, pero definitivamente con gente en casa, eso se torna imposible. Hace pocos días, estuve escuchando un video en donde últimamente como seres humanos integrados a la era digital, nos da pavor quedarnos en silencio, para evitar nuestra propia voz interna. La verdad, es que me ha ocurrido últimamente, los audífonos se han vuelto casi una extensión de mi cuerpo. Y los dejo más bien estando fuera de casa. Uhm... Epifanía. Tengo más paz fuera de casa que dentro de ella. ¿Será el propio ruido de la casa? ¿Algo que no quiera admitir? o ¿De un muy buen tiempo para acá, incluso antes de reunirme, ya era así? claro, estando sólo, los audífonos no eran necesarios, un poco más de volumen en el celular era más que suficiente.
Siempre dije que escribir es terapéutico. Lo sigo sosteniendo porque siempre hace efecto. Los hechos son inamovibles, pero la realidad como percepción subjetiva si se puede alterar. Cuando los ojos ven las letras, el oido escucha la pronunciación silenciosa de las palabras leídas, crean enlaces, crean reflexión, quitan el "ruido" de fondo, ruido con el que la mayoría de la gente se inunda para no darse cuenta que se sienten solas, tristes e infelices.
¿Y yo? ¿Cómo me siento? qué buena pregunta. Me acordé de una historia que contó María Rojas en donde una persona encarcelada encontró paz estando en la cárcel. Está claro que era una europea, porque en Latinoamérica la vida en una cárcel no es algo color de rosas. Claro el concepto se entiende, pues finalmente hay tiempo para reflexionar, hay una sobriedad forzada, se obliga a reflexionar. ¿Y qué hay de esa reflexión de mi parte? que en este instante tengo muy pocos anclas, muy poco capital emocional, como diría Claudia Nicolasa. Por ahora, sólo tengo a mi princesa guerrera, que a todas estas, estoy muy limitado para protegerla y cuidarla. Tengo también a mi piojito, pero tampoco es suficiente. Sin la bici, que cambió de dueño a finales de junio (otro ancla que no tengo), la verdad es que debo empezar a buscar y visualizar qué hacer.
Y sí, definitivamente visitar un backrooms sería un muy buen ancla motivacional: mapear un lugar sin física racional, luchar contra monstruos, diseccionarlos, crear rutas, documentar descubrimientos.... uhm.... Estoy usando mucho el "uhm". ¿Será que inicio un juego que no haya jugado? ¿Quizás haga algo completamente fuera de mis habilidades? o ¿dejo que mi mente empiece a divagar en forma de una historia? Definitivamente no será de horror cósmico.