martes, 8 de septiembre de 2026

Burbujas a mi alrededor

 Burbujas y más burbujas... yo no uso bañera

Me encanta mi vida. Veo sin preocupación como mi cuerpo en un baño de burbujas (eso es algo muy metafórico, pues la última vez que me metí a una bañera fue en el año 2003, hace 23 años) como cada una de estas se van reventando, uno apenas consciente de ellos, mientras disfruta de tener el cuerpo sumergido.

Parece mentira que como humanidad, teniendo la economía como una ciencia, atraviesa una y otra y otra vez burbujas económicas. Supe de la crisis del 2008, en parte porque ya estaba lo suficientemente adulto para enterarme y entender las noticias y que, por otro lado, la cobertura mediática que se le dio fue considerable. De repente, cuando empiezo simplemente a escarbar por encima, hemos tenido burbujas desde hace tiempo y prácticamente todo el tiempo: La gran depresión, las punto-com, la inmobiliaria, la de los NFT, la de la minería digital, la de los carros de lujo y ahora las de la IA. Cada una prometía ser el futuro, cada uno se volvió una burbuja y la última promesa de que no volvería a pasar.

Como un ser humano común y corriente, que siempre dependió de un sueldo para vivir, sin lujos pero con suficiente felicidad, esas burbujas siempre me parecieron ajenas: vivía en un país donde la palabra crisis era lo normal, donde el caos es la regla, en donde eso que llaman burbuja es algo tan lejano y tan insípido que no se llega a sentir. Aún así, estoy consciente que cada estallido al afectar la economía mundial, también termina afectando a cada uno de nosotros, solo que con una forma tan diluida que quizás se confunda con el día a día: no es lo mismo el 10% de 100 que el 10% de mil millones. Y para quien tiene 0, pues que importa el 10, el 50 o el 100%, daría exactamente igual.

Burbujas explicado con burros.

Hace mucho tiempo atrás, entendí que, las burbujas son básicamente especulación: ganan unos pocos que logran aprovechar la oportunidad, pierden todos cuando esta revienta. El concepto lo entendí con una parábola, que no redactaré aquí, pues para eso está el link.

Esta fábula es muy buena para entender el concepto, saber que los que realmente se benefician son muy pocos, que habrán algunos actores que no sufrirán las consecuencias pero que, en línea general, los pobres mortales lo padecerán. Sin embargo, cada caso tiene sus particularidades y por otra parte, normalmente la burbuja no revienta porque el comprador de burros "desaparece", sino cuando, como una bola de nieve, las personas se da cuenta de que es más sencillo, incluso más armonioso declararse en quiebra, dejar que ejecuten la hipoteca, lanzarse de un edificio, que seguir pagando sus deudas. Así pasó con la crisis inmobiliaria del 2008, algo parecido viví de cerca durante el éxodo venezolano y así, una y otra ve, caemos en el mismo hueco.

Quiero dejar claro que no es una carta de odio a los ricos, que pudiera parecer. Tampoco es repudio al sistema, aunque está claro que deja mucho que desear. Pretender que un mesías o una ideología pueda traernos una vida justa, sin preocupaciones, con las necesidades satisfechas es irreal, por algo excesivamente simple: el ser humano es avaro, a la vez que es influenciable por naturaleza: somos capaces de dejar escapar el 80% de algo sólo por alcanzar el 20% restante. Siendo yo un pequeñísimo eslabón de una maquinaria global, que consume, que representa una estadística pero que es insignificante, prefiero conseguir la felicidad con un michi-sandwich, disfrutar de una caminata bajos los cálidos rayos del sol, acompañado por bellos recuerdos, por una salud que pretendo disfrutar hasta donde Dios me lo permita, y la promesa de un nuevo amanecer.

Por cierto, para los que se preocupan por un apocalipsis tipo Terminator o Matrix debido a la IA, tranquilos, como dice mi piojito "no pasa nada".


viernes, 4 de septiembre de 2026

Prefieres la crueldad de la evolución o el milagro de la creación?

Tengo aún en borrador la entrada de anarquismo romántico. Prometo algún momento dedicarle su debido tiempo y publicarlo. Si bien es copia del manuscrito, quiero incorporar imágenes, revisar conceptos, y plasmar algunas cosas más personales, más íntimas. 

Mientras tanto, vamos con este tema: evolución. En mi entrada "somos mera estadística" ya había planteado como funciona. Es sólo estadística y suerte. Sin embargo, no hace mucho vi un par de videos que hicieron escalar ese concepto unos peldaños adicionales, cuando la traumatóloga  geek, menciona una palabra clave: presión. Los que sobreviven, transmiten sus genes. los que no lo logran, pues obviamente se truncan. Una definición pulcra, precisa, fría. quirúrgica. Y pensar que entré a ver ese video porque el título decía: "intolerancia a la lactosa" o algo parecido, cosa que lo padecía cuando paso tiempo sin beber leche, pero que en unos días de exposición, se me quita. Ella me dio la respuesta a mi síntoma, pero también me lanzó esa pedrada de verdad.

En otro video, un poco más animado, mencionaba el por qué después de viejos es que nos salen los "achaques", dolores, cegueras, osteoporosis, inflamaciones.... La respuesta también fue presión, aunque nunca lo mencionan: las adaptaciones necesarias para la reproducción (y en consecuencia transmitir) suceden cuando jóvenes. Y como en la era prehistórica (incluso hasta la moderna, antes de la revolución de la medicina y la tecnología) la expectativa de vida era demasiado corta, la evolución no se preocupó porque nunca tuvo la presión de mutar y corregir.

Bajo la expectativa anterior, tengo ahora muchas dudas: en las novelas chinas, la gente en longeva (no todos, pero era algo normal) en la biblia, se menciona a muchos personajes longevos, en otro video que vi mencionan que las personas del Cáucaso también tenían una gran longevidad, entonces: ¿Sólo estoy viendo excepciones? ¿Hay algún error en mi interpretación?  

Si en algo tan insignificante como la tolerancia a la lactosa, se explica con la evolución, así como nuestro tipo de sangre ¿tenemos que ver esa improbabilidad como el propio milagro de la creación?. Como le dije a mi sugar mami (tranquilos, se lo digo con cariño a una persona que en verdad me trata como si fuera su hijo, así que le devuelvo ese cariño en forma de dulzura) si eres creacionista, hay que agradecer ese milagro; pero si eres evolucionista, igual debes agradecer la suerte que tiene de sólo existir. Agradezcamos el que existamos, que podamos respirar, extrañar a nuestros seres queridos, amarlos, quererlos. ¿Es cruel la evolución? pues tengo una mejor respuesta: ¿importa?

jueves, 20 de agosto de 2026

Una mirada, tres muertos


Mamá solía escuchar radionovelas (en chino cantonés obviamente) y yo la acompañaba. Habían historias de todo tipo, pero guardo con ternura una historia sobre poliamor. Luego la busco en versión español, la recapitulo con otros ojos y se lo estaré mostrando. Por cierto, editando esta entrada se trata de El ciervo y el caldero, un chico sin habilidades marciales (poco común en las historias chinas de este tipo) casado con siete (07) esposas, con habilidades, temperamentos, estatus distintos, pero que de, alguna manera, logran tener una convivencia amena. Como les dije, es una historia para contar en otra oportunidad.

La historia que nos atañe, la estoy escuchando apenas (cuando estaba redactando el manuscrito. Me encanta que google lens me ahorra la transcripción). Trata sobre Jerjes, sí el de la película 300, pues se supone es algo que ocurrió. Ahora, lo que estoy escuchando, dudo que esté documentado y si lo está, la cantidad de detalles pone a dudar de su veracidad.
Lo cierto, es que refleja dos de mis más grandes miedos inculcados por mi cultura a través de mi mamá: la lujuria (hay un juego con la letra china de esta palabra, pues en efecto, en su parte superior hay un sable, indicando que la lujuria lleva un sable en la cabeza, como sinónimo de que es muy peligroso) y el poder (este último referido a lo político, a la manipulación, a las relaciones diplomáticas).

Encontrándome en la parte que me hizo llorar el relato, levanto la pluma (este bolígrafo es muy suave) y escribo todo esto. La reina, esposa de Jerjes, sentenciaba a muerte: su sobrina (y nuera, sí nuera, esposa de su hijo), su cuñada y su propio esposo, el rey. ¿La razón? Jerjes le regaló a su sobrina (con quien ya saben, hay lujuria, hubo la que tenía que haber y una joven de 16 años no sabe de consecuencias), pide lo único que no debe, una túnica hecha a mano por la propia reina para el rey. No contento con ello, lo exhibe. 

A esta nueva amante, sobrina del rey, la mirada de la reina sentencia a muerte a su madre muere, a su padre, y al propio rey. De la sobrina amante no se sabe nada (tampoco es necesario saberlo). La tragedia de esta historia reside en la fragilidad de las lealtades y las duras lecciones de la historia antigua. Al reflexionar sobre estos relatos, se percibe cómo las ambiciones y los conflictos personales pueden desmantelar legados enteros, dejando atrás solo el eco de lo que alguna vez fue un imperio.

Aclarando que la reina no es que gobernaba sobre el rey. A través de intrigas, miedos, conspiraciones, desata las muertes que su mirada sentenció. En lo personal, no quiero vivir en un mundo en donde deba cuidar lo que diga y lo que haga. Así pues, adoro mi vida, con sus felicidades y carencias, con sus deseos, agradecimientos, sueños y promesas. Dejaré que la vida de lujos, excesos y poder la viva quien quiera.

El tiempo: basado en eventos, no en unidad

Uno de los parámetros más misteriosos de la física es el tiempo. Una magnitud escalar que solo avanza, nunca retrocede. La relatividad general y especial, solo consiguen acelerarlo o ralentizarlo, quizás postergarlo, pero no pueden ponerlo marcha atrás.

Para los pobres mortales como yo, el tiempo lo mide un calendario o un reloj, según la unidad que se requiera: un aniversario, una salida de rutina, dormir, la consulta con un médico. Últimamente la escala que estoy usando es la de años, porque los eventos importantes, dignos de ser recordados, se distancian cada vez más. Eso me pone a pensar en una forma distinta de ver el tiempo. Si recordamos eventos, ¿por qué no usarlo como medida?

Estoy siendo filosófico. Está claro que es inviable, pero si nos fijamos bien ¿no nos ayudaría a apreciar la vida de otra manera? Quiero recordar una vida con muchos eventos, prefiero una vida como una sucesión de cosas que ocurren y no granos de arena que caen sentenciando un minuto, como dice la canción de Arjona, cadáveres del tiempo que no vuelven jamás.



Tal vez, escribir estas entradas de alguna manera me permiten tener una perspectiva de esos eventos. Está claro que no es que diga: "querido diario, hoy mi corazón se sumió en un profundo pesar porque la vida fue injusta conmigo" (Dios!!! eso fue bien emo, yo soy más de: "podríamos hacer esto todo el día, vamos") pero viendo las fechas de publicación y sintiendo las emociones al momento de volverlos a leer, los recuerdos me vuelven. En los instantes que escribo esto, (aunque ya estaba escrito desde el sábado pasado pero que, hoy finalmente paso a digital y termino de concluir) una pregunta hecha por alguien, pregunta que aún no tiene forma, ya me está rondando la cabeza. 

lunes, 17 de agosto de 2026

El sesgo de "Ya lo sabía".

A mí me encanta tener la razón. Ver venir una situación y estar preparado para afrontarlo. Yo soy muy a menudo reactivo (como antónimo de proactivo, no me refiero a que reacciono mal, más bien pareciera que las cosas no me afectan), necesito que la situación me dé un empujón inicial para activarme y a partir de allí, planifico como un buen jugador de ajedrez (dije "como" porque lo que sé solo sirve para impresionar a principiantes).

Conozco a mucha gente que usa la expresión "ya lo sabía" para manifestar una sensación de que lo que pensaban negativamente se volvió realidad, pero sin haber hecho nada al respecto y victimizándose por la decisión que dejaron que otro tomara, por la acción que omitieron. ¿Y yo? Yo prefiero decir "odio tener razón", con la pequeña diferencia de que soy responsable de mis decisiones y ya algo habré hecho para mitigar.

¿Y tú? ¿Ya lo sabías? ¿Odias tener razón? ¿Haces berrinches por sentirte impotente y apabullado por la situación? O como ya lo sabías, hiciste algo al respecto, no permitiste que decidieran por ti o aceptaste el resultado sin victimizarte? 

Recuerdo mi viajes al Vigía. Fue una de mis mejores planificaciones, pues consideré todos los posibles eventos que podían ocurrir y que ocurrieron. En el viaje de regreso, que consistía montar en  un bus lleno de gente dos bicicletas, unas de mis opciones fue: "montenlas en el techo". Mi compañero exclamó: "lo sabía" pero ¿Qué sabía? yo mantuve mi postura hasta lograr lo que ya sabía que iba a pasar. Era cuestión de negociar y tenía que crear la condición para hacerlo. Resumidas cuentas: nos montamos en el bus y llegamos bien a nuestras casas.

En estos momentos de mi vida, estoy conviviendo con una "ya lo sabia-ista", no para de decir: "lo sabía". Aún así, nada hace al respecto, sólo quejarse y echarle la culpa a los demás. No quiero cerrar esta entrada con una queja. Quiero más bien cerrarlo con una reflexión: Olvidemos el "ya lo sabía". Hagamos cuenta que sabemos, ¿Qué haremos al respecto?

domingo, 9 de agosto de 2026

Lujos reales en una casa: lo que se vive pero no se ve

 El diseño arquitectónico nunca fue mi fuerte. En mi profesión, de esa parte se ocupa alguien más, por el cual yo debo, a menudo negociar con ellos por alturas de cielorasso, espacios en salas de máquinas y otros elementos. Aún así, he aprendido bastante de ellos: algunos me han enseñado lo que se debe y otros me han mostrado lo que no hay que hacer.

Estoy ahorita en una pequeña tesis, una pequeña ayuda para un amigo que, con mucho esfuerzo, finalmente ve que su casa se va a materializar y lógicamente aproveché para estirar un poco las piernas, meterme un poco más en la parte de arquitectura, y ver qué tanto se le puede ofrecer.

En ese sentido, me topé con un video bastante curioso y que le da el nombre a esta entrada. En ella, la autora nos cuenta que hemos interiorizado que el lujo es marca, es amplitud, es paisaje, en fin, lo que uno imagina en una mansión. Sin embargo, su criterio, es paradójicamente familiar: es obvio que en general una mansión tendrá los mismos elementos que se mencionan a continuación, pero la cuestión es que, aprendamos a apreciar (si lo llegamos a tener) de esos lujos que más de uno echa de menos cuando no se tiene.

  1. El Silencio: tanto a nivel de aislamiento acústico, como el área en que se vive, incluyendo la correcta instalación de componentes mecánicos en casa o la ausencia de vecinos molestos, este lujo es definitivamente uno de los que uno echa de menos sobre todo en las horas de sueño.
  2. La temperatura: Así como el anterior, el contar con la adecuada de manera natural tampoco tiene precio. Poder tener este elemento en parámetros adecuados es un lujo preciado, sobre todo cuando o no posees sistema de climatización (llámese aire acondicionado o calefacción) o cuando sufres de un racionamiento eléctrico. En las casas que he estado, le doy gracias a Dios que, dentro de lo que cabe, siempre hay un espacio en donde se puede estar grato (con un poco de concentración) y sin climatización. 
  3. La Orientación: en este apartado se refiere a la iluminación natural que, inherentemente podría también referirse a la ventilación natural (aunque esto lo trata por aparte). Está claro que, poder disfrutar de la iluminación natural es algo que no todos comparten (a mi me encanta mas no al resto de mi familia), y que también impacta directamente sobre la climatización.
  4. Ventilación cruzada: Otro de los los lujos que echo de menos. Aunque, dependiendo del sitio, pues puede ser una bendición o todo lo contrario, esto último desde mi experiencia.
  5. Instalaciones: ella aquí agrupa, lo relacionado a enchufes (que horrible es no tenerlos ni a la mano ni la cantidad suficiente), el agua (yo que vengo de Maracaibo, sé lo que significa y otros asociados, pero estos son los más evidentes. Podríamos sumarle internet e incluso climatización.
  6. Elevadores o ascensores: sobre todo si vives en un decimo tercer piso, cada piso con más de 15 familias y un sólo ascensor que sube de a tres personas a la vez.
  7. Conectividad: se refiere a la accesibilidad al transporte, así como la cercanía (o más bien facilidad para llegarles) a puntos clave como el trabajo, sitios de ocio y de compras. La mamá de mi hijo tiene un trabajo a una hora, con un transporte que toma desde la casa y le llega a la puerta del trabajo. Yo de eso padecí toda mi vida.  Salir a las 6pm del trabajo y llegar a las 8pm a la casa, dice mucho.
  8. Vecinos: como diría Arjona, no es bueno quien te ayuda, sino el que no te molesta. agradezco no haber tenido malos vecinos o por lo menos tener suficiente indiferencia a muchas situaciones para no considerar sus actos como afecciones.
Si se ponen a ver todos estos lujos lo consiguen en una casa lujosa, debidamente diseñada y con todas las facilidades disponibles (y teniendo vehículo propio o incluso chofer), pues no vale la pena hablar de conectividad. Pero para los pobres mortales, definitivamente todos los puntos mencionados son, en efecto, lujos.

sábado, 8 de agosto de 2026

Cuando nos convertimos en lo que juramos destruir

¿ Se acuerdan que les comenté que me está gustando escribir en el cuaderno? Esto es una de esas entradas. 

Caminando en la calle, empecé a cuestionarme: estoy criticando a la gente que critica a otros y, en ese proceso, me estoy convirtiendo en uno de ellos. Recuerdo a Arthas Therenas, del juego Warcraft III, que su misión y propósito de salvar a su gente, a su pueblo, se convirtió en una misión de venganza, cazando al señor del terror que lo provocó, convirtiéndose en el mismo agente que causará la muerte de su gente y la destrucción de su pueblo. El juego presenta este hecho como si la causante de esto fuera la espada maldita, pero en realidad fue corrompido mucho antes, la espada era solo la consecuencia de ello.

Ya les mencioné en la entrada anterior la serie que estoy viendo. En uno de los capítulos, un integrante de la resistencia, alguien que juró salvar a la humanidad, hizo lo mismo que las máquinas: asesinar a otra persona.

Entonces, ¿Todos en el fondo somos lo mismo? ¿Será que no contamos con la valentía de admitirlo?, admitir que todos somos hipócritas. Recuerdo en una misa, en donde el cura dijo: "nos juzgarán con la misma vara". Y mi conclusión y reflexión fue "ah! si no juzgo no me juzgan, así que yo feliz!" pero creo que, como seres humanos, indudablemente tenderemos a criticar, a juzgar. Dicho lo anterior, no participen en "escuchamos pero no juzgamos", no saldrán ilesos de ese juego.

Entiendo que en la serie, y a menudo la vida misma nos enseña que el fin justifica los medios. Yo soy partidario de ello. Aún así, me carcome la idea de que si, en el medio nos perdemos a nosotros mismos, ¿valdría la pena el fín?

En este instante, mi princesa guerrera me está intentando enseñar esa lección. (esto no lo tengo escrito sobre el papel). Espero que la lección salga bien.