jueves, 20 de agosto de 2026

El tiempo: basado en eventos, no en unidad

Uno de los parámetros más misteriosos de la física es el tiempo. Una magnitud escalar que solo avanza, nunca retrocede. La relatividad general y especial, solo consiguen acelerarlo o ralentizarlo, quizás postergarlo, pero no pueden ponerlo marcha atrás.

Para los pobres mortales como yo, el tiempo lo mide un calendario o un reloj, según la unidad que se requiera: un aniversario, una salida de rutina, dormir, la consulta con un médico. Últimamente la escala que estoy usando es la de años, porque los eventos importantes, dignos de ser recordados, se distancian cada vez más. Eso me pone a pensar en una forma distinta de ver el tiempo. Si recordamos eventos, ¿por qué no usarlo como medida?

Estoy siendo filosófico. Está claro que es inviable, pero si nos fijamos bien ¿no nos ayudaría a apreciar la vida de otra manera? Quiero recordar una vida con muchos eventos, prefiero una vida como una sucesión de cosas que ocurren y no granos de arena que caen sentenciando un minuto, como dice la canción de Arjona, cadáveres del tiempo que no vuelven jamás.



Tal vez, escribir estas entradas de alguna manera me permiten tener una perspectiva de esos eventos. Está claro que no es que diga: "querido diario, hoy mi corazón se sumió en un profundo pesar porque la vida fue injusta conmigo" (Dios!!! eso fue bien emo, yo soy más de: "podríamos hacer esto todo el día, vamos") pero viendo las fechas de publicación y sintiendo las emociones al momento de volverlos a leer, los recuerdos me vuelven. En los instantes que escribo esto, (aunque ya estaba escrito desde el sábado pasado pero que, hoy finalmente paso a digital y termino de concluir) una pregunta hecha por alguien, pregunta que aún no tiene forma, ya me está rondando la cabeza. 

lunes, 17 de agosto de 2026

El sesgo de "Ya lo sabía".

A mí me encanta tener la razón. Ver venir una situación y estar preparado para afrontarlo. Yo soy muy a menudo reactivo (como antónimo de proactivo, no me refiero a que reacciono mal, más bien pareciera que las cosas no me afectan), necesito que la situación me dé un empujón inicial para activarme y a partir de allí, planifico como un buen jugador de ajedrez (dije "como" porque lo que sé solo sirve para impresionar a principiantes).

Conozco a mucha gente que usa la expresión "ya lo sabía" para manifestar una sensación de que lo que pensaban negativamente se volvió realidad, pero sin haber hecho nada al respecto y victimizándose por la decisión que dejaron que otro tomara, por la acción que omitieron. ¿Y yo? Yo prefiero decir "odio tener razón", con la pequeña diferencia de que soy responsable de mis decisiones y ya algo habré hecho para mitigar.

¿Y tú? ¿Ya lo sabías? ¿Odias tener razón? ¿Haces berrinches por sentirte impotente y apabullado por la situación? O como ya lo sabías, hiciste algo al respecto, no permitiste que decidieran por ti o aceptaste el resultado sin victimizarte? 

Recuerdo mi viajes al Vigía. Fue una de mis mejores planificaciones, pues consideré todos los posibles eventos que podían ocurrir y que ocurrieron. En el viaje de regreso, que consistía montar en  un bus lleno de gente dos bicicletas, unas de mis opciones fue: "montenlas en el techo". Mi compañero exclamó: "lo sabía" pero ¿Qué sabía? yo mantuve mi postura hasta lograr lo que ya sabía que iba a pasar. Era cuestión de negociar y tenía que crear la condición para hacerlo. Resumidas cuentas: nos montamos en el bus y llegamos bien a nuestras casas.

En estos momentos de mi vida, estoy conviviendo con una "ya lo sabia-ista", no para de decir: "lo sabía". Aún así, nada hace al respecto, sólo quejarse y echarle la culpa a los demás. No quiero cerrar esta entrada con una queja. Quiero más bien cerrarlo con una reflexión: Olvidemos el "ya lo sabía". Hagamos cuenta que sabemos, ¿Qué haremos al respecto?

domingo, 9 de agosto de 2026

Lujos reales en una casa: lo que se vive pero no se ve

 El diseño arquitectónico nunca fue mi fuerte. En mi profesión, de esa parte se ocupa alguien más, por el cual yo debo, a menudo negociar con ellos por alturas de cielorasso, espacios en salas de máquinas y otros elementos. Aún así, he aprendido bastante de ellos: algunos me han enseñado lo que se debe y otros me han mostrado lo que no hay que hacer.

Estoy ahorita en una pequeña tesis, una pequeña ayuda para un amigo que, con mucho esfuerzo, finalmente ve que su casa se va a materializar y lógicamente aproveché para estirar un poco las piernas, meterme un poco más en la parte de arquitectura, y ver qué tanto se le puede ofrecer.

En ese sentido, me topé con un video bastante curioso y que le da el nombre a esta entrada. En ella, la autora nos cuenta que hemos interiorizado que el lujo es marca, es amplitud, es paisaje, en fin, lo que uno imagina en una mansión. Sin embargo, su criterio, es paradójicamente familiar: es obvio que en general una mansión tendrá los mismos elementos que se mencionan a continuación, pero la cuestión es que, aprendamos a apreciar (si lo llegamos a tener) de esos lujos que más de uno echa de menos cuando no se tiene.

  1. El Silencio: tanto a nivel de aislamiento acústico, como el área en que se vive, incluyendo la correcta instalación de componentes mecánicos en casa o la ausencia de vecinos molestos, este lujo es definitivamente uno de los que uno echa de menos sobre todo en las horas de sueño.
  2. La temperatura: Así como el anterior, el contar con la adecuada de manera natural tampoco tiene precio. Poder tener este elemento en parámetros adecuados es un lujo preciado, sobre todo cuando o no posees sistema de climatización (llámese aire acondicionado o calefacción) o cuando sufres de un racionamiento eléctrico. En las casas que he estado, le doy gracias a Dios que, dentro de lo que cabe, siempre hay un espacio en donde se puede estar grato (con un poco de concentración) y sin climatización. 
  3. La Orientación: en este apartado se refiere a la iluminación natural que, inherentemente podría también referirse a la ventilación natural (aunque esto lo trata por aparte). Está claro que, poder disfrutar de la iluminación natural es algo que no todos comparten (a mi me encanta mas no al resto de mi familia), y que también impacta directamente sobre la climatización.
  4. Ventilación cruzada: Otro de los los lujos que echo de menos. Aunque, dependiendo del sitio, pues puede ser una bendición o todo lo contrario, esto último desde mi experiencia.
  5. Instalaciones: ella aquí agrupa, lo relacionado a enchufes (que horrible es no tenerlos ni a la mano ni la cantidad suficiente), el agua (yo que vengo de Maracaibo, sé lo que significa y otros asociados, pero estos son los más evidentes. Podríamos sumarle internet e incluso climatización.
  6. Elevadores o ascensores: sobre todo si vives en un decimo tercer piso, cada piso con más de 15 familias y un sólo ascensor que sube de a tres personas a la vez.
  7. Conectividad: se refiere a la accesibilidad al transporte, así como la cercanía (o más bien facilidad para llegarles) a puntos clave como el trabajo, sitios de ocio y de compras. La mamá de mi hijo tiene un trabajo a una hora, con un transporte que toma desde la casa y le llega a la puerta del trabajo. Yo de eso padecí toda mi vida.  Salir a las 6pm del trabajo y llegar a las 8pm a la casa, dice mucho.
  8. Vecinos: como diría Arjona, no es bueno quien te ayuda, sino el que no te molesta. agradezco no haber tenido malos vecinos o por lo menos tener suficiente indiferencia a muchas situaciones para no considerar sus actos como afecciones.
Si se ponen a ver todos estos lujos lo consiguen en una casa lujosa, debidamente diseñada y con todas las facilidades disponibles (y teniendo vehículo propio o incluso chofer), pues no vale la pena hablar de conectividad. Pero para los pobres mortales, definitivamente todos los puntos mencionados son, en efecto, lujos.

sábado, 8 de agosto de 2026

Cuando nos convertimos en lo que juramos destruir

¿ Se acuerdan que les comenté que me está gustando escribir en el cuaderno? Esto es una de esas entradas. 

Caminando en la calle, empecé a cuestionarme: estoy criticando a la gente que critica a otros y, en ese proceso, me estoy convirtiendo en uno de ellos. Recuerdo a Arthas Therenas, del juego Warcraft III, que su misión y propósito de salvar a su gente, a su pueblo, se convirtió en una misión de venganza, cazando al señor del terror que lo provocó, convirtiéndose en el mismo agente que causará la muerte de su gente y la destrucción de su pueblo. El juego presenta este hecho como si la causante de esto fuera la espada maldita, pero en realidad fue corrompido mucho antes, la espada era solo la consecuencia de ello.

Ya les mencioné en la entrada anterior la serie que estoy viendo. En uno de los capítulos, un integrante de la resistencia, alguien que juró salvar a la humanidad, hizo lo mismo que las máquinas: asesinar a otra persona.

Entonces, ¿Todos en el fondo somos lo mismo? ¿Será que no contamos con la valentía de admitirlo?, admitir que todos somos hipócritas. Recuerdo en una misa, en donde el cura dijo: "nos juzgarán con la misma vara". Y mi conclusión y reflexión fue "ah! si no juzgo no me juzgan, así que yo feliz!" pero creo que, como seres humanos, indudablemente tenderemos a criticar, a juzgar. Dicho lo anterior, no participen en "escuchamos pero no juzgamos", no saldrán ilesos de ese juego.

Entiendo que en la serie, y a menudo la vida misma nos enseña que el fin justifica los medios. Yo soy partidario de ello. Aún así, me carcome la idea de que si, en el medio nos perdemos a nosotros mismos, ¿valdría la pena el fín?

En este instante, mi princesa guerrera me está intentando enseñar esa lección. (esto no lo tengo escrito sobre el papel). Espero que la lección salga bien.

viernes, 7 de agosto de 2026

Cara o Sello? o quizás de Canto.

 El amor de mi vida se quedó con la frase, que la moneda caiga de canto. Nunca supo la historia del cual deriva. En estos días le intenté hacer un resumen en palabras y salió todo un testamento. No es para menos, una historia contada en cinco (05) juegos, con viajes en el tiempo, debate sobre el libre albedrío, paradojas temporales, dioses, vampiros y demonios es demasiado para contar y no aburrirse en el intento.



Ahora bien, yo soy partidario de, para las cosas que no me afectan, uso una moneda (o el típico Dedin Marín) para decidir. A menudo, muchas cosas de la vida son binarias: es o no es, izquierdo o derecho, me quedó o me voy. Un profesor de la universidad que nos daba procesos usaba siempre esa "forma binaria" de expresarse. Sin embargo, otro profesor que dios las dos materias que precedían a aquella, nos invitaba siempre a buscar una tercera opción cuando se nos presenten sólo dos opciones. Según él, normalmente esa tercera opción es la que realmente nos resuelve. También nos advirtió de tampoco ceñirnos a ella si no funciona. Siempre mencionaba que está la manera ideal de tocarse la oreja, la manera sencilla de hacerlo y la manera estúpida de hacerlo. 

Y he aquí el clavo: esa tercera opción. A menudo la vida te presenta la ilusión de que estás eligiendo, te deja escoger cara o cruz. Lamentablemente, sin importar o que elijas, tendrás el mismo resultado. Obviamente no al inmediato, que de lo contrario te darías cuenta, sino un poco alejado, lo suficiente para que no te des cuenta. Me acuerdo de una manipulación psicológica en donde permites escoger, a sabiendas que sin importar su elección tú siempre ganas. 

Eso pasaba en el juego: en la historia del juego, si el jugador mata al vampiro, no habrá luego quien combata al verdadero enemigo que destruirá al mundo, pero si no lo hace, este terminará destruyendo el mundo por su propia mano. Sin importar lo que escoja, el resultado es el mismo.  Estoy viendo la serie Sarah Connor Chronicles y vi exactamente el mismo dilema: sin importar cual máquina ganara la partida de ajedrez, la que gane se convertiría en skynet. 



Que se hace en esos, casos? el juego, reflexivo y filosófico, propone que la moneda caiga de canto, crear tantas paradojas temporales que ya no haya destino. En la serie que estoy viendo, solo veían lo binario del asunto.

En las películas de Matrix, también pasa algo parecido. El elegido realmente no tiene elección, sólo le dan la sensación de elegir, para poder perpetuar el ciclo, hasta que el oráculo crea las condiciones para que la moneda caiga de canto. Quienes han visto las tres películas, deberían de entenderlo, los que no, recuerden cuando el oráculo dijo "estoy aquí para desbalancear la ecuación".



Y para quienes leen esta entrada, incluyendo mi yo del futuro: ¿Has conseguido la tercera opción? ¿has creado las opciones para que la moneda caiga de canto? ¿Has desbalanceado la ecuación? 

Empecemo de cortito

 Desde que tengo un cuaderno donde anotar las cosas, he prescindido un poco del celular y aún más de la laptop. Tengo anotado un montón de cosas que perfectamente se pueden traducir en entradas pero que ahora, que tengo más tiempo, paradójicamente me rinde menos. Creo saber la razón y es que buena parte del tiempo se lo estoy dedicando a alguien muy importante. 

Aún así, esta luna de miel ya debe irse regulando, pues dentro de poco la rutina habitual viene de nuevo, espero con ansias pode ocuparme con algo que sea monetariamente productivo y que, cuando llegue, debo estar presto y listo para ello.

Vamos a ver si puedo empezar a generar varias entradas y que vayan publicando paulatinamente.


martes, 14 de julio de 2026

Desde Portal hasta backrooms: Nauseas, IAs, Monje e Ethan Hunt.

 Aja!!! no pueden negar que con un título así, da pie a una gran historia. Quién sabe, capaz algún día use exactamente el mismo título para inventar una historia, cosa que hace rato que no hago.

Hoy inicié prácticamente el día viendo la película "backrooms", el cual fue todo un fenómeno tanto en internet como mito urbano, la historia construida alrededor del concepto de liminalidad, y cómo la película integra, desde la perspectiva de una persona, precisamente la historia construida. 

Mientras veía la película, me invadió una sensación de náusea. Bastante leve como para representar un problema, pero suficientemente evidente como para poder ignorarlo. Mientras veía la película, estaba consultando a Copilot cual sería la forma de salir de allí, considerando que dicho "espacio" se considera un horror cósmico. Como siempre, Copilot se "atascó" sugiriendo una y otra y otra vez que debo dejar de ser "yo", que debía anular la percepción. Le pregunté si se refería a que si debía suicidarme o perder la conciencia, cosa que, como buena inteligencia me remitió ayuda inmediata a una asociación. Cosas de IAs. finalmente le consulté si, para salir de la backroom, era más factible ser monje budista que un James Bond o un Ethan Hunt. Y de manera muy enfática me indicó que ese era precisamente la forma de salir, pues mientras el monje se "desconecta" y por lo tanto "sale" de la espiral "yo creo lo que me aprisiona", los héroes de acción, aplicarían lógica pura, acción dura, lo que crearía la paradoja de "a más quiero salir, más preso estaré". Parece mentira, pero mi anormal tranquilidad ante las cosas que ocurren, describe precisamente esa extraña paradoja. 

Esa sensación de nausea, la recuerdo también haberla sufrida en un juego denominado "Portal". Creanme que ese juego es increiblemente adictivo y sumamente atractivo, una vez entiendes la mecánica. De hecho, lo repetí varias veces. Sin embargo, eventualmente, empecé a sentir náuseas al momento de jugarlo. Según la IA, es posible que la ambientación, ya conocida la mecánica del juego, me estuviera afectando finalmente. 

Volviendo a la película, está claro que siendo un monje budista no se sale de él. Al terminar de ver la película, se nos indica que hay más de un portal para entrar y salir, denominados "noclip". También vi en un video, un poco la historia alrededor de ella. Según la descripción, es una mezcla entre electromagnetismo, perturbación de conciencia y anulación de campos. Dicho lo anterior, el espacio de los backrooms, aunque no racional, sigue respetando reglas y por tanto, se puede salir de ella, con suficiente habilidad, pero por sobre todo, fuerza mental.

Está claro que la mejor manera de salir de ellas es, en un principio, no entrar en ella. Sin embargo, mi espíritu aventurero me invade. Si llego a conseguir una de esas entradas, Tomando las previsiones necesarias, las herramientas adecuadas, provisiones y armamento necesario (tranqui, nada de armas de fuego, pero al menos cuchillos, lanzas, cuerdas y líquido inflamable en aerosol) y lo más importante, registro fotográfico, grabaciones de audio y video, me adentraría sin dudarlo. Falta saber quien me acompañaría, pues al igual que en la historia y siguiendo las reglas de seguridad industrial: nunca sólo, cómo mínimo dos, idealmente tres personas.

Tenía tiempo que no escribía. Mi intención era hacerlo en silencio, pero definitivamente con gente en casa, eso se torna imposible. Hace pocos días, estuve escuchando un video en donde últimamente como seres humanos integrados a la era digital, nos da pavor quedarnos en silencio, para evitar nuestra propia voz interna. La verdad, es que me ha ocurrido últimamente, los audífonos se han vuelto casi una extensión de mi cuerpo. Y los dejo más bien estando fuera de casa. Uhm... Epifanía. Tengo más paz fuera de casa que dentro de ella. ¿Será el propio ruido de la casa? ¿Algo que no quiera admitir? o ¿De un muy buen tiempo para acá, incluso antes de reunirme, ya era así? claro, estando sólo, los audífonos no eran necesarios, un poco más de volumen en el celular era más que suficiente.

Siempre dije que escribir es terapéutico. Lo sigo sosteniendo porque siempre hace efecto. Los hechos son inamovibles, pero la realidad como percepción subjetiva si se puede alterar. Cuando los ojos ven las letras, el oido escucha la pronunciación silenciosa de las palabras leídas, crean enlaces, crean reflexión, quitan el "ruido" de fondo, ruido con el que la mayoría de la gente se inunda para no darse cuenta que se sienten solas, tristes e infelices.

¿Y yo?  ¿Cómo me siento? qué buena pregunta. Me acordé de una historia que contó María Rojas en donde una persona encarcelada encontró paz estando en la cárcel. Está claro que era una europea, porque en Latinoamérica la vida en una cárcel no es algo color de rosas. Claro el concepto se entiende, pues finalmente hay tiempo para reflexionar, hay una sobriedad forzada, se obliga a reflexionar. ¿Y qué hay de esa reflexión de mi parte? que en este instante tengo muy pocos anclas, muy poco capital emocional, como diría Claudia Nicolasa. Por ahora, sólo tengo a mi princesa guerrera, que a todas estas, estoy muy limitado para protegerla y cuidarla. Tengo también a mi piojito, pero tampoco es suficiente. Sin la bici, que cambió de dueño a finales de junio (otro ancla que no tengo), la verdad es que debo empezar a buscar y visualizar qué hacer.

Y sí, definitivamente visitar un backrooms sería un muy buen ancla motivacional: mapear un lugar sin física racional, luchar contra monstruos, diseccionarlos, crear rutas, documentar descubrimientos.... uhm.... Estoy usando mucho el "uhm". ¿Será que inicio un juego que no haya jugado? ¿Quizás haga algo completamente fuera de mis habilidades? o ¿dejo que mi mente empiece a divagar en forma de una historia? Definitivamente no será de horror cósmico.