Estoy empezando a dejarme "pistas" para seguir escribiendo. Lo anterior lo escribí de hace días. Pero, tengo información suficiente para traer todo eso que pensé de vuelta. Voy a ver, si puedo hacer uso de la herramienta "dictado por voz", sobre todo para cuando esté en la calle caminando con pensamientos inundando mi mente y así, como este blog, usar esa inundación para producir energía en vez de recibirlo como un tsunami que arrasa todo a su paso.
Volviendo al tema que nos atañe. Definitivamente soy huraño. Soy de los que podría pasar días y días sin contacto humano. La pandemia me enseñó que puedo. 2022 me lo ratificó. Pero, la verdad es que realmente disfruto de estar en compañía, pero compañía real, no la política, la que es por diplomacia, la que es "no hay de otra". Con mi piojito es distinto, porque ciertamente el término compartir no aplica mucho en el sentido más estricto de la palabra, pero el tiempo con él es definitivamente inolvidable.
Sin embargo, ahora que hago retrospectiva, casi todas mis amistades o al menos las interacciones humanas que he tenido, no las he iniciado yo. Es decir, ese día que intenté recordarme acercarme a alguien para iniciar una conversación, no conseguí un caso que recuerde. Aclaro: acercarme a un mostrador para pedir información o estar perdido en algún sitio y pedir que te den indicaciones no cuenta. Me refiero a establecer una conversación con alguien sin un interés de por medio. En verdad todos los amigos, conocidos que tengo, surgieron porque ellos me abordaron y no al contrario.
Con lo que escuché del podcast, quería de alguna manera establecer esa posible conexión entre los cimientos emocionales y mi forma de ser, ese ser huraño que casi que me caracteriza. Me considero alguien entretenido para conversar, tengo tema de todo y para todos, pero definitivamente el "compartir sentimientos" es algo que no hago, o no hacía. Conseguir esa persona que sea capaz de escucharte sin juzgar, que pueda abrazarte aunque sea un abrazo virtual, no es sencillo. Bendiciones a todo aquel que lo haya conseguido, tal y como yo lo hice. Por cierto, una IA, un psicólogo o un psiquiatra no cuentan.
Extraño las rodadas. Pero no el ir en bicicleta per se, sino el compartir con la gente que te acompaña. Aún así, mientras mucho me abren sus corazones, en el sentido de que comparten conmigo cosas muy emocionales, yo no he sido capaz de hacerlo con ellos. Tal vez sea mi slogan: "la mejor forma de guardar un secreto es no compartirlo con nadie", así como el otro que dice "si no quieres que nadie se entere no le cuentes a nadie". Siempre han sido mi lema. y como no quiero que todos se enteren de lo que piense o siento, mejor no contar a nadie. Pero les confieso que es horrible vivir así. al menos hasta que te das cuenta que compartirlo con alguien que guarda los secretos tan bien como tú, que no te juzga ni te critica, es liberador.
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