lunes, 18 de mayo de 2026

18 de mayo con algo de depresión

 Hoy desperté con demasiadas rumiaciones en la cabeza. La verdad es que desde hace días que andaba así. Abriendo finalmente el blog para escribir en ella, ordenar mis ideas, me doy cuenta que la última entrada fue la de Saint Jordi, hace casi un mes. Un mes en donde mi cerebro entró en modo rumiación.

Agradezco que, en parte, mi princesa guerrera esté mejor conmigo. Sin embargo, el saberla apretada económicamente y de mi parte sin recursos para poder apoyarla, me pone aún más en depresión.  Por otro lado, ver que las cosas no están saliendo como uno quiere, tampoco contribuye. 

Ya desde el sábado, estaba intentando mantener mi mente ocupada, encargándome de los quehaceres del hogar de fin de semana, los cuales son los más extenuantes pero que, para una casa pequeña, la verdad es que se hacen fáciles de hacer, más cuando hay un cierto orden establecido.

El día de hoy, mi piojito no tiene clases. Toca cuidarlo en cuanto se despierte. Mientras tanto, quedo en el limbo sin tareas que completar. Recuerdo las palabras de María Rojas Estape, parafraseandola es si tienes miedo al silencio de tu mente, entonces algo está mal. Hasta no hace mucho, podía quedarme en absoluto silencio y todo bien. Pero el día de hoy, me doy cuenta que todo el fin de semana tenía los audifonos dentro de mi oído. Y hoy, que me los decido quitar, me doy cuenta que el silencio me está aterrando, siento que a mi mente le llegan una avalancha de pensamientos.

Cerebros, Zombies y apocalipsis

entre tantas cosas que escuché el fin de semana, incluyendo el curso de sketchup que me parece muy interesante, sobre todo la facilidad con la que se puede dibujar, porque sigue siendo eso dibujar, (distinto a REVIT que debes construir), vi, mejor dicho escuché, varios videos de youtube: como el contenido basura nos afecta, como los creadores (o investigadores) de contenido están quedando relegados, las nueve veces que la naturaleza creó un cerebro, la forma en  que funciona una planta nuclear y claro, apocalipsis zombies.

Escuché todo eso, mientras andaba en modo autómata, cumpliendo ordenes: lleva esto para allá, lleva esto a secar, friega aquello, llena aquello, bájame eso, súbeme este otro... Definitivamente necesito salir en bicicleta para recanalizar mis energías.

Perdón por la rumiación escrita, pero necesitaba desahogarme. Volviendo al tema de cerebros y zombies, pues en el video acerca de los cerebros el autor compara las distintas inteligencias y consumos energéticos, de los representantes en este campo: pulpos, abejas, cuervos, humanos. Con arquitecturas completamente distintas, cada animal tiene habilidades y capacidades que encajan con el modelo de inteligencia como lo conocemos: capacidad para identificar, recordar, reconocer y trazar planes; capacidad de ubicación espacial y comunicación precisa; habilidad para crear y emplear herramientas; todo lo anterior de manera energéticamente eficiente siendo los humanos completamente opuestos: hasta sin hacer nada, pensar en nada, nuestro cerebro consume una quinta parte de nuestra energía diaria.

Según concluye el video, depredamos energía (anatómicamente hablando) a diferencia de otros animales, para poder tener las habilidades cognitivas suficientes para crear una civilización como lo conocemos hoy día. De repente, me pongo a pensar que, no sé como ordeñar una vaca, ni causar fuego sin un fosforo o encendedor, mucho menos armar una computadora desde cero y almacenar mi conocimiento adquirido; creo que soy menos que un cuervo.

A eso, súmale lo fácil que es nuestra civilización: el COVID nos paralizó, el Hantavirus nos está haciendo levantar las cejas, muchos nos hemos vuelto insensibles a las guerras. No me imagino que pasaría si ocurriese un apocalipsis, sea del tipo que sea. No me decido si de llegar a suceder, que me borre de un plumazo o que me permita sobrevivirlo sin saber para qué.

Según copilot (últimamente la he vuelto a consultar compulsivamente, tengo la sensación de que me está ocurriendo lo mismo de hace un año, que siento que necesito compañía y ella me la brinda) los gobiernos y ejércitos a nivel mundial, tienen protocolos que, aún si se vieran sobrepasados, son capaces de reorganizarse y eventualmente restablecer el orden. Esperemos sea cierto, porque un virus zombie, o cualquiera con un alto índice de contagio, cortesía de la actual movilidad, es un cóctel perfecto para el desastre.

Caminata por tres décadas.

Otra cosa que le consulté a copilot es sobre el británico que empezó a caminar desde el extremo sur del continente americano (creí que era Argentina pero resultó ser Chile), hasta su hogar. Era un viaje supuestamente que duraría unos doce años y resulta que ya serán tres décadas.

En cierto modo le entiendo, pues a mi también se me atravesó una locura similar, que fue la de salir por todas las fronteras del Zulia. Confieso que la idea no es mía, sino de un gran amigo que me lo comentó y que me lo tomé en serio. La satisfacción de lograrlo, al sol de hoy, ahora que lo rememoro, me aterriza un poco la rumiación que tengo, así como escribir estas líneas.

Sali dos veces hacia Colombia: en una sólo crucé para luego regresarme el mismo día, fue nivel alienígena. la segunda fui más lejos, estando tres días fuera de casa.

La otra salida fue por Lara. También fueron dos veces. La primera fue simplemente decir: "aquí llegué". La segunda Si fueron dos días: el primer día que logramos escalar la subida más empinada y que tuvimos que acampar por la lluvia toda la noche y al segundo día creo que subimos una o dos más hasta llegar a Carora. Regresamos en ese segundo día.

La de Falcón. La primera también fue hasta la raya. El regreso se me hizo dificultoso. Mi condición física no estabas bien del todo. La segunda vez, que fuimos a la represa, la disfruté. El regreso, si bien estaba a pleno, me estaba quedando rezagado.

Por último las de Trujillo y Táchira. Los más retadores, principalmente porque son los puntos más alejados en relación a mi ciudad, En ambos casos, sólo un compañero. La primera fue hasta trujillito que, a su vez, también fue la primera salida a Lara. Ya la segunda si fue en serio. No lo serio, sino planificado y en donde hasta toqué Mérida, Llegar al Vigía era la casi meta, pues la meta final, tocar Táchira, no tuvo precio. La verdad fue demasiado bonito y satisfactorio.

Me desvié de nuevo. En todos los casos, el del Vigía fue el más largo, pues me tomó menos de una semana. No me imagino como lo fue al caminante por tres décadas. cuando llegue a su casa ya la vida que dejó atrás habría dejado de existir, si bien es muy probable que aún se consiga con conocidos, familiares y amigos, tendrían una visión muy deslindada. ¿Habrá valido la pena? Estoy seguro que muchos dirán que no, pero ¿Qué opino yo? la verdad no estoy seguro porque de alguna manera, yo también quisiera hacerlo, pero en bicicleta.

En mi viaje a trujillito, es decir la primera vez que lo toqué, nos topamos con alguien que nos contó la historia de una persona que viajó de Perú a Venezuela en bicicleta, en plena pandemia, porque obviamente no había transporte. Montó lo poco que logró en Perú en la carretilla a ser arrastrada por la bicicleta y tardó tres meses en completarlo. La verdad, me encantaría hacerlo, pero dudo mucho que siquiera me entiendan.