jueves, 20 de agosto de 2026

Una mirada, tres muertos


Mamá solía escuchar radionovelas (en chino cantonés obviamente) y yo la acompañaba. Habían historias de todo tipo, pero guardo con ternura una historia sobre poliamor. Luego la busco en versión español, la recapitulo con otros ojos y se lo estaré mostrando. Por cierto, editando esta entrada se trata de El ciervo y el caldero, un chico sin habilidades marciales (poco común en las historias chinas de este tipo) casado con siete (07) esposas, con habilidades, temperamentos, estatus distintos, pero que de, alguna manera, logran tener una convivencia amena. Como les dije, es una historia para contar en otra oportunidad.

La historia que nos atañe, la estoy escuchando apenas (cuando estaba redactando el manuscrito. Me encanta que google lens me ahorra la transcripción). Trata sobre Jerjes, sí el de la película 300, pues se supone es algo que ocurrió. Ahora, lo que estoy escuchando, dudo que esté documentado y si lo está, la cantidad de detalles pone a dudar de su veracidad.
Lo cierto, es que refleja dos de mis más grandes miedos inculcados por mi cultura a través de mi mamá: la lujuria (hay un juego con la letra china de esta palabra, pues en efecto, en su parte superior hay un sable, indicando que la lujuria lleva un sable en la cabeza, como sinónimo de que es muy peligroso) y el poder (este último referido a lo político, a la manipulación, a las relaciones diplomáticas).

Encontrándome en la parte que me hizo llorar el relato, levanto la pluma (este bolígrafo es muy suave) y escribo todo esto. La reina, esposa de Jerjes, sentenciaba a muerte: su sobrina (y nuera, sí nuera, esposa de su hijo), su cuñada y su propio esposo, el rey. ¿La razón? Jerjes le regaló a su sobrina (con quien ya saben, hay lujuria, hubo la que tenía que haber y una joven de 16 años no sabe de consecuencias), pide lo único que no debe, una túnica hecha a mano por la propia reina para el rey. No contento con ello, lo exhibe. 

A esta nueva amante, sobrina del rey, la mirada de la reina sentencia a muerte a su madre muere, a su padre, y al propio rey. De la sobrina amante no se sabe nada (tampoco es necesario saberlo). La tragedia de esta historia reside en la fragilidad de las lealtades y las duras lecciones de la historia antigua. Al reflexionar sobre estos relatos, se percibe cómo las ambiciones y los conflictos personales pueden desmantelar legados enteros, dejando atrás solo el eco de lo que alguna vez fue un imperio.

Aclarando que la reina no es que gobernaba sobre el rey. A través de intrigas, miedos, conspiraciones, desata las muertes que su mirada sentenció. En lo personal, no quiero vivir en un mundo en donde deba cuidar lo que diga y lo que haga. Así pues, adoro mi vida, con sus felicidades y carencias, con sus deseos, agradecimientos, sueños y promesas. Dejaré que la vida de lujos, excesos y poder la viva quien quiera.

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