miércoles, 10 de mayo de 2023

Compartiendo imposibles

A menudo, nos enfrentamos a terribles decisiones. Me refiero a que cualquiera trae horribles consecuencias. Por otro lado, están las decisiones evidentes, esas en donde sabes las opciones son muy buenas por un lado y muy malas por el otro. Con opciones así, la elección es obvia.

Sin embargo, qué pasa cuando no quieres elegir esa opción obviamente buena? Qué ocurre cuando te enfrentas a que el corazón te exige, esa opción terrible, aún cuando está vetado, está prohibido, está cerrado bajo llave?

Creo que no estoy haciendo la pregunta correcta. Creo que la pregunta es donde se consigue un neuralizador, como el de los hombres de negro, para olvidar que existe esa opción?

Creo que estos son de las cosas que impulsan a la humanidad, como seres pensantes, con nuestras cualidades, nuestras faltas, nuestros anhelos, deseos. Nos impulsa a veces a hacer cosas buenas, a hacer cosas terribles, a hacer cosas.

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sábado, 28 de enero de 2023

Cuando lo única que queda es el aquí y ahora.

 Mirar al pasado es innato en el ser humano. Recordamos desde niños que todo momento pasado fue mejor, que las memorias que albergamos, diluidos con con los minutos cadáveres del tiempo, teñidos de olvido, imaginación y pensamientos que vuelven idílicos esos recuerdos, son y serán más dulces que el real, palpable, vívido presente.

Una niña me cuenta su corto y vivido pasado en retazos. Armo esa película en mi cabeza. hago esa post-producción en mi cabeza. Cosas que no me cuadran, tiempos que resultan ilógicos, eventos que parecieran no poder haber sucedido en la secuencia contada. Reflexiono sobre mis recuerdos. Cuántos de ellos guardan aún los detalles correctos? Cuántos de ellos estarán edulcorados?

Tengo un pasado tan insípido, que  en pocos versos describiría mi vida.  Sin embargo, es ese pasado quien nos define, es por ese pasado que terminamos siendo quienes somos, define a quienes amamos. Que los hechos ocurran de otra manera, ciertamente habría causado una disrupción que alteraría el presente que vivimos, alteraría nuestros actuales pensamientos, sentimientos, emociones. En resumidas cuentas, nuestro ser.

El futuro, ese tiempo para el cual planificamos con lujo de detalles o bien simplemente reaccionamos como agua que cae en aceite hirviendo. Ese misterio, que al día de hoy no sabemos si por la magia de la cuántica, es aleatorio y puede ocurrir cualquier cosa, o si por la física clásica estamos condenados a seguir un guion escrito desde que la primera partícula se expandió creando nuestro universo conocido. Sueño con  un universo distinto a este, en donde los sentimientos, emociones, amores y anhelos correspondan, en donde situaciones distintas, decisiones diferentes, hubieran llevado a  un desenlace similar, pero con un resultado distinto. Quiero pensar también en un futuro que  no sé como lograr, pero que de alguna manera, se termine cumpliendo.

Por lo pronto, las decisiones del pasado, sus consecuencias manifestadas en el presente estorban; el futuro incierto, tan ajeno a nuestro control, tan absoluto en su decisión de volverse presente con cada segundo que pasa y sin nosotros poder decirle que se detenga. Sólo me queda este presente volviéndose  pasado, con este sentimiento que cura y hiere, con esta sensación que me motiva y me lanza al vacío, con esa emoción de ver aquello que tanto anhelas a través de una vitrina, pero que nunca será de ti. Tengo tantas intenciones de romper esa vitrina y tomarlo, pero si lo hago, los cristales rotos lo romperán. No queda de otra más que seguir mirar a través de ella y rezar a Dios por encontrar una lámpara que me conceda un deseo. Vale también el último deseo que le conceden a los condenados. Recuerdo una frase de la película "el código fuente": Qué harías si supieras que te queda un minuto de vida? Tengo la respuesta absoluta para esa pregunta, pues sería mi último deseo. Ahora que lo pienso, no debería dejarlo como último deseo, En algún momento lo haré y punto.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Mi salud está comprometida?

Mientras espero en el laboratorio los resultados, no termino de entender por qué tuve que esperar a que alguien me dijera "ve ya al medico" para hacerlo. Posiblemente sea porque anteriormente todo lo que he tenido asociado a malestar se me ha quitado o bien solo o bien porque mi esposa bella ha estado pendiente de mi.

Ahora que lo pienso, desde que regresé de emergencia del viaje, pareciera que el universo entero me pasa factura. A veces, quisiera solo dormir y no despertar nunca, un infarto que me deje inconsciente al instante y tome lo que la vida exige a todos.

Hace mucho, diría que demasiado tiempo, que no tengo ese tipo de pensamientos. La última que recuerdo, fue cuando aún era un niño. Ciertamente no vale la pena pensar si esa negatividad de mi parte está creando la situación, retroalimentandose hasta causarme todo esto. Se que muchos están pendientes de mi, pero a fin de cuentas, sigo estando solo y sin nadie que me cuide.

Gracias a Dios, dengue no es. Sin embargo, la forma en que me revisó la doctora, aunado a un diagnóstico que no me termina de convencer, me hizo buscar otra opinión médica. En esta ocasión, con una revisión que me convenció mucho más y aunque aún es prematuro para un diagnóstico preciso, lo que me indica me parece mucho más congruente que solo "colesterol llegando a limite superior" y sin ningún tratamiento. En este instante tengo un tratamiento a base de vitaminas y probióticos para la digestión, así como someterme a una dieta adecuada.

Más estudios para descartar males ocultos y que según mis conocimientos vagos, creo que está todo normal. Veamos lo que dice la doctora.

Reposo por cinco días. Mucho para mí. Pero quizás haga falta. Según la doctora si es algo físico, me hará falta. Y si es estrés, pues con más razón. Este último, me indica que el cuerpo simplemente reacciona, no es algo que mentalmente se pueda controlar.

Espero poder salir de este cuadro rápido. Quiero terminar los proyectos pendientes, poder salir en bicicleta y, como no, poder incluso volver a viajar, por trabajo lógicamente, pero poder hacerlo

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viernes, 4 de noviembre de 2022

Cuando estás a la deriva.

En este instante que inicio esta entrada, recuerdo una canción de la banda caramelos de cianuro, creo que decía: "levantarme del televisor, meterme en el ascensor, me sienta un poco mejor..." En este instante estoy viviendo esas letras.

Desde que regresé por lo del supuesto saqueo de la casa (una vez más le doy gracias a Dios que no fue. A mí casa y que, en cierto modo el vecino no tendría por qué extrañar lo que se llevaron, pues ya lleva años sin estar y como dicen ojos que no ven corazón que no sienten) el desánimo ya me estaba empezando a invadir, pero era manejable. Habían maneras de sacudirse, como diría una amiga. Si Lee esta entrada de seguro sabrá que la estoy aludiendo.

Cloacas de la calle tapada, el tema de la seguridad de la casa aún sin resolver, y sumado a todo ello. El golpe tan fuerte que lo desató todo en mí: la partida de la mascota de la casa, un integrante más de la familia, la única que me ha acompañado en estos dos años de estar sin mi esposa y sin mi piojito.

La verdad, soy una persona mala. No me pegó mucho cuando falleció mi mamá; tampoco cuando ocurrió con papá; mucho menos con mi cuñada, más allá del pesar que sentía por el estado emocional de mi hermano y de mis sobrinas, que con la distancia, en realidad somos unos completos extraños. Recuerdo también cuando falleció el tío y la abuela de mi esposa: mi pesar no fue por los fallecidos, sino por los que seguían vivos, por mi esposa más que nada.

De repente, una perrita que tiene más de 10 años con nosotros, me arranca lágrimas y llantos. No es la primera mascota que se me muere: perros, gatos, ratas. Todos ellos son sólo seres prescindibles, cuya muerte solo causan trabajo.

Me siento en el piso al lado de su cuerpo sin vida por más de media hora, completamente desmoronado. Toda mi coraza, esa que aguantaba el desanimo, el que ayudaba a sacudir, se desvanece. Ahora sí puedo decir con propiedad "no tengo ni perro que me ladre".

Desde ese día, un miércoles de miércoles. Vivo por inercia. Veo cómo mi esposa, luchar por su día a día, por hacer crecer feliz a nuestro piojito. Yo en cambio, sigo aletargado, autocompadeciendome en vez de echarme cuerda (como un reloj de cuerda, no me refiero a echarme una soga en el cuello de manera literal), por las cosas que aún faltan. Si yo sé, hay una meta muy importante que es reunirme con mis seres queridos. Pero en este instante ni siquiera eso me motiva.

Finalmente hoy, consigo un apice de ánimo. Llevar una encomienda desde mi casa a un lugar específico. Por eso fue lo que mencioné al inicio de la entrada. La bicicleta estaba mucho más pesada de lo que recordaba. Llego a mi destino. Entrego la encomienda. Nuevamente, me invade el desanimo. No quiero llegar a casa. Tomo el camino largo. De repente, un ciclista delante de mi. Compartimos el camino sin mediar palabra. Por ese instante, tal vez unos 10 minutos. Me olvidé de todo. Solo seguía al compañero por inercia hasta que al fin nuestros caminos divergen. Y me toca nuevamente estar solo.

Llego a la panadería cerca de la casa. No tenía intenciones de entrar, pero finalmente decido devolverme y entrar. Recuerdo que mi amiga me comentó sobre comprar chocolates para alegrar el rato. Entro busco pan y me acerco a la sección de pizzería que finalmente está funcionando.

Compro una pizza para ver si logro sacar ánimo de una de la primavera, la pizza de jamón, maíz y tocineta. Delicioso estaba, pero... Sigo modo emo.

Ya estando en casa, terminando de escribir esta entrada. Quiero que mi amiga la lea. No quiero que me anime, tampoco que me consuele, con mi autocompadecimiento tengo. Se mejor que nadie, que estos atoramientos son de responsabilidad personal, y que depende únicamente de uno mismo para salir. Solo que en este instante no quiero hacerlo, en vez de eso, quiero ahogarme con mi propia pena.

Si me preguntan en este instante que quiero, la respuesta es no lo sé. he tenido intenciones de tomar lo que tengo, meterlo en la mochila, desinstalar el WhatsApp, sacar la simcard del celular tomar la bicicleta y volverme mochilero. Viajar sin rumbo, quizás ganarme algunas monedas para el pan del día y seguir. Atravesar el Darién solo por hacerlo.

Estos son de las etapas de la vida, dónde uno está absolutamente susceptible de volverse drogadicto, ludopata o alcohólico. Quizás también testigo de Jehová. Espero no volverme terrorista.

No quiero terminar esta entrada sin dejarle en claro a mi amiga que me repondré, por mi esposa, por mi hijo. Pero no será hoy.

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viernes, 28 de octubre de 2022

Escribo para no olvidar el día de hoy.

2 am, me despierta una llamada de mi niña humosa. Una llamada a esta hora no son buenas noticias. En efecto, no lo son. Pero no son malas noticias para mí. El santuario de mi casa ha sido profanado.

Estoy a mitad de un trabajo fuera de casa. Estando en la habitación del hotel. Intento respirar, calmar mis nervios, asimilar el hecho e intentar descansar, pues el viaje de regreso no será sencillo. Eso sin contar todas la disculpas que debo pedir por esa ausencia forzosa.

Finalmente amanece, pero ha llovido durante toda la noche y aún lo hizo durante la mañana. Tomo el desayuno y me lanzo al terminal de pasajeros para averiguar. Regreso al hotel por mi equipaje y espero a que se llene el transporte de cinco pasajeros más el chófer. Intento meditar, mejor dicho no pensar en nada mientras lo anterior ocurre. Dos horas después finalmente iniciamos la travesía.

La velocidad que veo en el tablero no me gusta. Apenas ronda entre los 60 y 80. Por lo general, cuando está entre 100 y 120 llegaría a mi casa en 6 horas, pero por regla de tres, el tiempo de viaje se extendería al menos unas 9 horas.

No nos han perdonado en ninguna alcabala. Cada una nos consume cinco minutos. A tres horas de viaje el vehículo sufre una falla mecánica. Le doy gracias a Dios, que fue una reparación de 20 minutos, con el apoyo de otro transporte, que nos brindó su ayuda de manera incondicional.

Seguimos en viaje. Hay una sección de carretera caída, nos advierten los que vienen en sentido contrario. Finalmente encontramos esa sección a la hora siguiente. Una vez más, logramos pasar sin mayor demora.

Aún falta la mitad del trayecto y ya van justo cuatro horas de viaje. Para no perder la costumbre, otra alcabala nos detiene. Este demorará más. Le están revisando el equipaje a dos pasajeros y supongo que luego nos revisará a los demás.

Solo fueron a los dos pasajeros. De nuevo, cinco minutos más. Espero poder concluir esta entrada, al llegar a mi casa, con una broma de mal gusto, que todo esté bien, que nada haya pasado y que la casa siga intacta como la había dejado. Aún a mis casi cuarenta, sigo pecando de iluso.

Media hora de carretera andado. El chófer ha v tenido que bajar la velocidad a 40. El trayecto está tan irregular que me sentía como si estuviera sentado sobre una lavadora en plena centrifugada. Mientras tanto, el sentimiento de impotencia y angustia siguen haciendo mella en mi cabeza.

Estoy recordando la vez que se metieron en casa de mamá. Ese día, no se perdió tanto. El conteo de daños solo arrojó la laptop de mi esposa, un monitor de PC y su sistema de sonido y el motor de una licuadora. Sentir que el santuario que representa la casa sea profanada, es una sensación desagradable. No creí tener que revivirlo.


Ya ha pasado dos horas más. Logramos cargar combustible y seguir en el camino. El auto se parece cada vez más a una máquina de coser, entre el ruido y la vibración anómala por culpa de las condiciones de la calle y también de la condición del medio de transporte.

Estamos como a hora y media de que oscurezca y la vía se torne exponencialmente peligrosa. Ruego a Dios poder salir de ese tramo antes de que oscurezca. También espero poder conseguir la casa intacta.

Después de todo. Cambiamos de un vehículo a un bus. Llego al temrinal, pago un taxi por 10$, una exageración que no me importó. Finalmente en casa, todo parece estar en orden. Antes de entrar, converso con una vecina que me cuenta todo lo ocurrido: es la casa de al lado y ocurrió ya hace días, pero que nadie se enteró. No sé cómo se pudo confundir una casa, una familia con otra. Pero como sea, respiro aliviado de que todo fue una señal de advertencia.

Finalmente entro a mi casa, viendo todo intacto en su sitio, salvo los desastres ocasionados por los gatos de la casa. ahora toca ver qué voy a hacer, pues está claro que no puedo no dejar la casa sola por el trabajo, pero algo hay que hacer para evitar dichas incursiones.

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miércoles, 12 de octubre de 2022

Sobreviviré a un apocalipsis?

Muchas son las películas que hablan sobre el fin del mundo, cada quien su manera según el tema de turno, que ciertamente es demasiado variopinto: desde epidemias, desastres naturales o causadas, zombies, guerra nuclear o invasiones por máquinas, extraterrestres o cualquier ente que se nos ocurra.

Cómo toda película, de una u otra manera los protagonistas sobreviven: algunos solo por suerte, otros gracias a su pericia y en algunos casos apelando al agravio del prójimo en beneficio propio.

De tantas películas, supongo que muchos ya se hacen la idea de que saben cómo sobrevivirán ante alguna de esas situaciones. Está claro que las estadísticas nos dicen lo contrario: solo toca revisar los números de la pandemia, el de los desastres naturales y de gente que simplemente sin necesidad de una catástrofe se entregan, en sentido figurado, al reino de los cielos.

Sigo pensando en que pudiera pasar y que no habrá como impedirlo. No es tanto el hecho de que ocurra, sino todos los planes que, por lo menos a mí, se estropearía. Para empezar, no tendría cómo reunirme con mi familia y lo más probable es que perdamos contacto.

Ellos están en otro continente. en un apocalipsis, viajes tan largos son imposibles, además sin saber si seguirían o no vivos. Tal vez, el hecho de querer encontrarlos, me motivará a seguir vivo, a no rendirme ni a desfallecer.

Ya eche algunos números. Estaría fácilmente medio año en el océano, suponiendo que logre conseguir un bote que vaya a 60 km/h, suficiente combustible para lograrlo y que los GPS aún sigan funcionando. Ahora que saque estas cuentas, si en verdad llega a ocurrir un apocalipsis, creo que mejor me pongo modo triste por siempre.

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miércoles, 5 de octubre de 2022

Recuerdos de un futuro inexistente

Hoy no quiero hablar de mi, de mis problemas , mis entregas mega atrasadas, quehaceres agobiantes y demás. Solo quiero dar rienda suelta a mi imaginación e inventar una historia, de esas que uno sueña y que por ello no tienen sentido alguno, hasta que te ocurre, como cuando sueñas que dejaste la bicicleta fuera de tu casa y, que cuando ocurre de verdad, te percatas que el sueño fue una advertencia.

Ahora la historia.

Que es el libre albedrío? Existe de verdad? O es solo una ilusión? Esa respuesta la puede conocer alguien, una persona que podría ver el futuro y que, en consecuencia puede modificarlo.

Pero. Cómo sería eso posible? Sí está persona no ve tan lejos, digamos que en una hora determinada ve lo que pasará las próximas 24 horas, que haría? Simplemente lo seguiría como si de una instrucción se tratase? O se atrevería a modificarlo, obteniendo un futuro distinto e incierto al que vio?

Esa persona es Bob una persona, tan común, tan corriente, tan del montón, que no sobresale en nada, se funde con la gente en la estación del metro en la hora pico, es una cara agradable, pero que se olvida de inmediato.

Bob en uno de esos días ajetreados, en donde tuvo que trabajar varios turnos seguidos, en dónde tomó tanto café que su cuerpo ya lo transpiraba, finamente puede ir a su casa. Al meter las llaves en la cerradura de su pequeño apartamento, una corriente recorre todo su cuerpo. "otra vez la electrostática, esto me pasa por comprar zapatos de seguridad baratos" exclama.

Cruza el umbral de su puerta. Se consigue con el desorden justo antes de abandonar su cuchitril hace tres días. Al cerrar la puerta, se ve a sí mismo limpiando el desorden, saliendo de compras, una mujer de rojo le llama la atención, un asalto a mano armada, un chico de gorra azul, el cajero recibe un disparo.... Las luces se apagan Bob está, en este instante, inconsciente.

Al despertar, mira su reloj, lo único que le queda de su esposa, una historia de amor que en este instante solo queda un personaje. Bob se da cuenta que estuvo horas tirado en el suelo. Aún sigue aturdido. No termina de asimilar o entender todo eso que vio. Era solo un sueño o era algo más? No le dió importancia. Vio su desastroso apartamento y no tenía siquiera espacio para echar su cuerpo a descansar.

Abre su maleta, su closet desde que alquiló este pedazo de apartamento. Lo unico que quedaba allí, porque todo lo demás estaba pendiente por llevar a la lavandería, era lo que soñó que llevaba puesto. De manera mecánica, precisa y automática empezó a acomodar su apartamento. Y es que, debo contarles, Bob solía ser una persona brillante, y como toda persona brillante también era ordenado, nada que ver con el Bob que les estoy contando, esa es otra historia.

Cuando Bob termina de acomodar y limpiar su apartamento, la panza le ruge pidiendo comida. En el refrigerador, no había nada, no siquiera agua para tomar. Toca revisar de nuevo en la maleta. Lo único que hay para salir, de nuevo es lo que soñó. Bob no cree en coincidencias, cree en causalidad, tal vez providencia, pero no coincidencias.

De camino a la tienda de la esquina, finalmente algo lo aterra: exactamente... La chica de rojo, exactamente como la del sueño. Un morbo se despierta dentro de el. Rememora con lujo de detalle lo que ya sabe no fue un sueño. Entra a la tienda. El chico nervioso de gorra azul, mira a todos. Bob lo reconoce y grita: "cuidado! Trae un arma!" El chico, completamente fuera de sí, sin saber que ocurre saca el arma, apunta a Bob. El sonido del disparo. Bob siente un cosquilleo en su panza. Hay sangre en sus manos. Cae inconsciente.

"Dónde estoy?" Bob pregunta. "En un hospital. Tiene suerte de seguir vivo. El disparo no daño ningún órgano vital. De hecho saldrá hoy mismo". Mira su muñeca. Un brazalete, con el número 606057. "Enfermera, no la estoy coqueteando. Pero soy como un especie de adivino. Que tal si escribe un número de 4 dígitos en su hoja y yo lo adivino". La enfermera, garabatea en una pequeña parte del historial. "Listo. Ya lo anoté" "1234" exclama Bob. La enfermera se echa a reir. "está claro que me equivoqué. Me diría que número anotó?" "2020, el año de la pandemia".

Bob vuelve en si. Abre sus ojos. Se da cuenta que está en un hospital. Su muñeca, el brazalete el número 606057. Bob sigue al pie de la letra lo que soñó, obteniendo exactamente el resultado esperado. Pero esta vez adivina el número: "2020, el año de la pandemia. Algún ser querido?" La enfermera le muestra el número anotado. Le responde a Bob asintiendo con su cabeza y sigue su camino.

Ya Bob está consciente que h adquirido un nuevo don. Lo que no sabe es que hacer con él. Volverse millonario? Salvar vidas? Ser un héroe? Un villano? O seguir siendo Bob? O tal vez volver a ser Robert? Cierra los ojos de nuevo. Solo quiere descansar.

Sueña de nuevo. Mejor dicho, empieza a ver el futuro inmediato.mira su reloj, entra a un casino con todo el dinero que tiene. Mira de nuevo su reloj justo las 9pm. Lo apuesta todo al 7 negro. Sale ganador. Recoge sus fichas y se va.

Bob despierta pensando en ese futuro. Sabe que es poco probable que atine a la primera. Entiende que este futuro es uno en el que ya tiene sus poderes. Se conoce muy bien. Miró el reloj para saber a qué hora caerá cula número en la ruleta. Significa que ya ha alterado el futuro. Se pregunta en dónde estaría de no tener los poderes. Le dan de alta.

Libre albedrío. Que hago ahora?

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